
CLAUDIA SILVA CAMPUSANO
hebras de arte

Siendo una bebé de meses, cuenta mi madre que colocaba en la cuna, a modo de almohada un pañal de algodón que yo restregaba contra mi cara y oídos, ese suave paño fue mi compañero incluso hasta ya entrados los 13 años de edad, servía para aquietar sensaciones físicas o imaginarias que a veces, como niña podían generar mucha angustia. Mi acercamiento desde el arte a lo textil ocurrió años antes de identificar algunos conceptos psicológicos que relacionan esa experiencia infantil con un fenómeno muy primario generalizado. Hasta hoy, trabajar con materiales textiles, logra apaciguar mis ánimos y me ayuda a enfrentar experiencias dolorosas. He indagado en temas que me son difíciles de enfrentar directamente, pero los he podido abordar aferrándome al textil, tal como de niña me aferraba a mi trapo.